COSTRUMBRES, MITOS Y LEYENDAS DE NUESTRA REGIÓN

 

Por nuestra tierra misionera corre un río de leyendas y de mitos que la hacen un país distinto y maravilloso, un país donde lo mágico compite con ventajas sobre cualquier otra realidad, confundiéndose en la vida diaria hasta un grado desconocido en otros lugares.

Nadie puede jactarse de conocer a fondo nuestra provincia si ignora sus mitos y sus leyendas, sus supersticiones, sus creencias. Ellas, son parte del panorama provincial como lo es la tierra roja, el verde de los árboles, el colorido de sus aves, la policromía y el aroma de sus flores, el rumor de sus arroyos y cascadas o la visión grandiosa del Iguazú desgajándose sobre las rocas y conformando arco iris al jugar las aguas con el sol. Y desde siempre Misiones fue así.

¿QUE ES UN MITO?

Los mitos, estrictamente definidos, son cuentos tradicionales que están cargados de elementos religiosos que explican el universo y sus primeros pobladores. Son historias que tanto el narrador como su audiencia consideran verdaderas y narran la creación y la ordenación del mundo, tareas normalmente llevadas a cabo por una deidad (dios o diosa) que existe en el caos, en el vacío o en algún mundo aparte. Con una serie de hijos y compañeros, la deidad da forma al mundo y lo llena de vida, e inicia una serie de aventuras y luchas en las que él o ella logra liberar el sol, la luna, las aguas o el fuego, regula los vientos, crea el maíz, las alubias o los frutos secos, derrota monstruos y enseña a los mortales cómo cazar y arar la tierra. El ser que lleva a cabo estas tareas, el arquetipo o héroe cultural, puede presentar una forma antropomórfica o animal y con frecuencia cambia de forma.

**Es un fenómeno cultural complejo que puede ser encarado desde varios puntos de vista. En general, es una narración que describe y retrata en lenguaje simbólico el origen de los elementos y supuestos básicos de una cultura. La narración mítica cuenta, por ejemplo, cómo comenzó el mundo, cómo fueron creados seres humanos y animales, y cómo se originaron ciertas costumbres, ritos o formas de las actividades humanas. Casi todas las culturas poseen o poseyeron alguna vez mitos y vivieron en relación con ellos.

Los mitos difieren de los cuentos de hadas en que se refieren a un tiempo diferente del tiempo ordinario. La secuencia del mito es extraordinaria, desarrollada en un tiempo anterior al nacimiento del mundo convencional. Como los mitos se refieren a un tiempo y un lugar extraordinarios, y a dioses y procesos sobrenaturales, han sido considerados usualmente como aspectos de la religión. Sin embargo, como su naturaleza es totalizadora, el mito puede iluminar muchos aspectos de la vida individual y cultural.



¿QUE ES UNA LEYENDA?

Las leyendas equivalen a una historia popular, e incluso cuando tratan de temas religiosos se diferencian de los mitos en que narran lo que sucedió en el mundo una vez concluida la creación. Tanto el narrador como su audiencia creen en ellas y abarcan un gran número de temas: los santos, los hombres lobo, los fantasmas y otros seres sobrenaturales, aventuras de héroes y heroínas reales, recuerdos personales, y explicaciones de aspectos geográficos y topónimos de lugares, son las llamadas leyendas locales. Las leyendas se diferencian de la historia formal en su estilo de presentación, énfasis y propósito. Como otras formas de cuento tradicional tienden a adoptar fórmulas concretas, utilizando patrones fijos y descripciones características de los personajes. Por ejemplo, apenas se preocupan en detallar cómo son en realidad sus héroes.

Las leyendas urbanas son historias contemporáneas ambientadas en una ciudad; se toman como verdaderas, pero tienen patrones y temas que revelan su carácter legendario. El contexto de estas leyendas puede ser contemporáneo, pero las historias reflejan preocupaciones permanentes sobre la vida urbana, incluyendo la intimidad, la muerte, la decadencia y, muy en especial, las gentes marginadas y fuera de la ley.

La leyenda se sitúa en un lugar y en una época específica y parte de hechos que fueron reales aunque están idealizados. Se diferencian de la historia propiamente dicha en el énfasis de la narración y en su finalidad, que siempre es de tipo didáctico o nacionalista, para dar confianza a un pueblo en sí mismo en momentos en que se necesita ardor y seguridad para enfrentarse a una situación nueva y peligrosa. Por otro lado, a diferencia del mito, que se ocupa de los dioses, la leyenda retrata en general a un héroe humano. 



El Tarefero y La yerba mate símbolos de nuestra Ciudad

 


Según el Ing. Agr. Rodolfo m. Sarasola, en su obra "las voces de la yerba mate", publicado por la editorial universitaria de misiones, el tarefero es "el operario que cosecha la yerba mate.// antiguamente y en algunas regiones se denominaba tarefero al que efectuaba el quebrado, llamándose "cortador" al que separaba las ramas de las plantas".// también se lo denomina "tarifero".

tarefa es: "cosecha o zafra de la yerba mate. también se denomina "corte y quiebra"".

tarefear: "cosechar la yerba mate".

 

Todo esto, según las definiciones del ing. sarasola.

 

Desde la lectura histórica que he podido hacer, puedo decirte que el tarefero fue precedido por el mensú (mensualero, por cobrar mensualidades por su labor) ya desde el siglo xix. el sistema de mensúes desaparece en el año 1921, debido a la intervención directa del juez letrado don floricel pérez en el año 1921, en posadas, que era el centro por antonomasia del sistema de mensúes.

por un tiempo se superponen los dos tipos de obreros yerbateros, ya que el tarefero surge en 1907 en su estancia "Santa Inés", con la intervención en el sistema moderno de producción e industrialización, de don pedro Núñez, que implementa de manera efectiva y constante, un nuevo modelo de producción yerbatera, con plantaciones a cielo abierto, sin cubierta de montes naturales, y con cuidados permanentes a cargo de peones dedicados a trabajar en todas la etapas del proceso productivo de la yerba mate.

 

En primera instancia, la plantación, luego el cuidado y la cosecha.

 

Hay diversas acepciones para el término tarefero, pero una de ellas, tiene más consistencia en cuanto a su significado pragmático, y es que deriva del vocablo tarifa, es decir, pago.

al tarefero se le paga una tarifa, un monto determinado, por el trabajo que efectúa, como es el de hacer limpieza en los yerbales, o más específicamente, por cada kilo de hoja verde de yerba mate que coseche, al pesar la ponchada o raído cerrado de lo que haya cosechado, se determinará en base a eso, cuánto le corresponderá cobrar.

todo lo que cosecha se pesa y anota en un cuaderno, en un lugar que lleva su nombre, lo que determinará la tarifa o monto total a cobrar por su labor.

 

El tarefero puede trabajar de diversas maneras, a saber: como miembro de una cuadrilla de tareferos, a cargo de un capataz de cuadrilla; formando una mini-cuadrilla con los miembros de su familia (esposa, hermanos, cuñados/as, hijos, padres); o trabajar como cuentapropista, en forma individual.

 

Las tareas que desempeña pueden ser: preparación del terreno para plantar, desmalezamiento y carpida, cosecha, limpieza de plantas, fumigación de las plantaciones, riego en épocas de sequía, labores de abonado del suelo, carga de las ponchadas o raídos en los transportes, y ocasionalmente, trabajo en los secaderos.

 

Corresponde decir que la actividad de tarefero, es una labor dura, que requiere dedicación y esfuerzo.

También, el ser tarefero implica toda una cultura, que se transmite de padres a hijos (es normal ver madres con sus bebés y niños en el yerbal).

los niños incorporan desde bebés esa forma de vida, y aunque realicen estudios

Tomamos un Mate?

 

El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.

Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.

Es más bien una costumbre, como rascarse.

El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.

Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: '¿unos mates?'.

Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.

Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.

Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.

Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.

En verano y en invierno.

Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.

Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide.

 

Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes.

 

Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.

Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.

Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde:

'Como tomes vos'.

Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.

 

La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da.

La yerba no se le niega a nadie.

Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.

Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.

Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.

No es casualidad. No es porque sí.

El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.

El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...

Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es querible la compañia.

Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.

Es el compañerismo hecho momento.

Es la sensibilidad al agua hirviendo.

Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.

Es la modestia de quien ceba el mejor mate.

Es la generosidad de dar hasta el final.

Es la hospitalidad de la invitación.

Es la justicia de uno por uno.

Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.

Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

 

Mateando en Yerbales de Concepción

EL TERERÉ

1º NO se usa el mismo mate que de mate (si, valga la redundancia), busquen algo con una forma más bien alargada y angosta, por ejemplo se usan mucho las latitas de bebidas energizantes con la parte de arriba cortada y lijada (esto es p/que tengan idea los que nunca vieron de la forma, pero si lo haces es un laburo al pedo y encima queda feo jaja).. yo, personalmente uso un vaso de plástico descartable de los que son duros.. si no lo haces en un vaso cualquiera y listo

 

2º Te conviene primero picar un poco de hielo (dos cubitos aprox) así, un poco con una cuchara, se enfría mejor y no se tapa la bombilla - si no, no los ponés o ponés arriba de la yerba- Pones la bombilla (te conviene tener una p/el mate y otra p/el tereré, sirven más tiempo) y pones la yerba, un poco menos de la mitad del vaso y MUY importante, lo tapás con la mano, das vuelta, agitas, etc..

(un tereré sin hielo y para mi gusto con mucha yerba, pero es p/que se den una idea) .

 

3º Aguarrás una jarra o termo, le pones bastante hielo, tiene que estar bien fría y tenés opciones:

- De agua solo, si lo haces así tenés que poner más yerba al mate para que quede mejor.

- De jugo con polvo para preparar o jugo concentrado. - De jugo natural (+ agua)(+ azúcar)

- De gaseosa (las levité, las ser, 7up, sprite, paso de los toros, etc, también americanos, terma y eso) .

 

4º Termo en mano, servís al vaso tapando la bombilla, esperas que absorba..(mentira, generalmente lo Tomás nomás) y listo..

LA MANDIOCA

Allí está en los campos de Misiones. Herencia india que es hoy suculento alimento de miles y miles de personas de todas las razas. Se la suele ver con sus hojas en forma de manos, sus tallos erguidos, su porte tan particular. La mandioca significa el alimento, la vida para el poblador de Misiones. Sin ella sería muy difícil la existencia de los menos favorecidos.

 

¿Por qué sus padres no la querían? ¿Por qué especialmente su padre la despreciaba al punto de tan siquiera no mirarla ni nombrarla? ¿Por qué sus hermanos y hermanas no le dirigían la palabra?

Tal vez en su propia desgracia la joven india no se daba cuenta de que era una verdadera carga para los suyos. Casi paralítica, sus manos eran grandes y deformes debido a que se arrastraba; sus pies, inútiles, seguían tras ella como cosas muertas… ¿quién iba a querer llevarla a su toldo? ¿Qué guerrero ofrecería a sus padres un rescate de matrimonio? ¿Podía alguien quererla para nada?

Y la joven guaraní baldada físicamente sufría. Quería ser útil a los suyos de alguna forma, pagar aquellos restos de caza, de pesca o recolección de frutos silvestres que a veces le arrojaban para su alimento, o el permiso de dormir junto a la hoguera en las noches frías.

Tupa se apiado de la joven. Le dijo en sueños lo que debía hacer y le hizo una promesa de verdadera redención que ella tomo con alegría… ¡al fin iba a estar no solo bajo un toldo sino en todos los toldos…! ¡Al fin iba a estar unida definitivamente en los suyos!

Llamo a sus padres y les pidió la llevasen hasta un lugar distante donde el monte se había quemado debido a un rayo, que incendio árboles abriendo el bosque en una gran extensión el incendio. Les rogó cavaran un pequeño hoyo donde puso sus pies y se sentó; luego los insto a irse y les pidió regresaran otro día.

 

… cuando al nacer el día volvieron, solo había una planta extraña para ellos, que se levantaba más de un metro, con hojas parecidas a manos deformes. Por curiosidad movieron la tierra que removiera el padre el día anterior y encontraron raíces gruesas. Era la mandioca que de allí en adelante fue alimento principal de aquellas gentes, y que cientos de años después sigue alimentando a millones de personas.

 



LA LEYENDA DEL CHAJÁ

Sumamente popular es el “chajá”, un ave grande, de grito áspero, onomatopeya de su nombre: “chajá”. Vive en la zona de ríos, esteros y arroyos. Vuela muy alto y es fama que entre piel y carne posee especies de bolsas de aire pequeñas que le permiten planear durante largos intervalos. Se la suele criar “guacha” en los ranchos, desde muy pequeña, siendo sumamente mansa y familiar, y vive con las gallinas, perros, gatos, etc., sin mayores problemas. Inclusive es muy buena guardiana.

¿Cómo llegó a ser ave el “chajá”? fue por un castigo de Tupá, el dios de los guaraníes.

Resultó que “Yasí”-la luna- andaba por estas tierras guaraníes recorriéndolas por orden de Tupá. Viajaba en forma de una anciana y cuando tenía una necesidad, ya sea la de comer, beber o pernoctar, golpeaba frente a los ranchos. Cuando era atendida –hecho que sucedía siempre porque los guaraníes eran muy hospitalarios con los de su raza- les dejaba el don de su luz nocturna. Un día sufrió mucha sed porque no encontraba un manantial en el bosque. Después de largo andar, vio a unas muchachas que llevaban un cántaro de agua y les pidió de ella. Las mozas se la dieron, pero previamente ensuciaron el agua burlándose cruelmente de la sedienta, y riendo a carcajadas huyeron gritándose unas a las otras: ¡yahá! ¡Yahá! (vamos, vamos).

Un papagayo que vio lo ocurrido voló a avisar a Tupá, y éste, en venganza, transformó inmediatamente a las muchachas en grandes pájaros que volaron al grito de ¡chajá! ¡Chajá!.

EL PAYÉ

El “payé es una creencia supersticiosa muy común en toda la zona del litoral. Se basa en la seguridad de que ciertas materias, tratadas convenientemente por quien conoce el secreto, pueden convertirse en maléficas o beneficiosas, según sea el interés o intención del que lo solicita.

Para fabricarlo los “payeseros” utilizan todo lo que es clásico en estos ritos: uñas humanas o sus recortes; sangre catamenial; cabellos de la supuesta víctima; prendas interiores o exteriores del afectado; etc. también entran productos más exóticos y difíciles de conseguir. “caracú de guerreros muertos en lucha (huesos), ojos de tigre muerto a la luz de la luna, plumitas especiales de “caburéí” (una pequeña lechuza diurna carnicera), sesos de un niño sin bautizar, etc. incluye el “payé” actos de fetichismo, tales como reproducir a la víctima en papel, barro, etc., o también y mejor, en su fotografía para luego clavarle alfileres especiales en las partes del cuerpo que se quieran “enfermar”.

Las “payeseras” tienen también “santos” especiales de factura local, tales como “san lamuerte” (un esqueleto armado de la clásica guadaña que indudablemente fue influido por algún cuadro reproducido en el que figuraba la muerte, luego confundido con una estampa de la iglesia católica); “san Pentecostés” (otro santo que proviene de las celebraciones católicas de Pentecostés).

El “payé” sirve para diversos usos. Puede causar la muerte a distancia a un enemigo; también puede causarle la enfermedad. Puede atraer a la moza deseada o al mozo querido, basta para ello hacerle un “brebaje” especial o darle –como decía la payesera- la “pildorita”. Otros payés traen suerte en el dinero, en el amor, seguridad en los viajes, salud para la familia y para los animales domésticos. Los hay terribles que causan daños a los humanos; tales daños suelen ser hormigas, víboras o sapos en el estómago (que luego vomita el afectado ante el asombro de los presentes pues se le da un “contra payé”), otros encantamientos separan familias, humillan a orgullosos, destruyen o afirman fortunas, según sea.

La creencia en el “payé” posiblemente provenga de una superstición universal: el otorgarle a la materia la facultad de ser el vehículo de un deseo frustrado. Pero el caso es que en nuestras tierras litorales el “payesero” es un personaje respetado y ¿por qué no? También temido. De ellos depende la salud, la felicidad, el progreso, la seguridad y el bienestar de muchos que creen a pie firme en las virtudes de sus pócimas y de sus amuletos…

LA CAÁ- YARÍ o la dueña de la yerba

Cuenta la leyenda que una tribu que se había detenido en las laderas de las sierras donde tiene sus fuentes el arroyo el Tabay, dejó después de breve estada el lugar, y siguió su marcha a través de las frondas.

Un viejo indio, agobiado por el peso de los años, no pudo seguir a los que partieron obedeciendo el espíritu errante de la raza, quedando en el refugio de la selva, en compañía de su hija, la hermosa Yarí.

Una tarde, cuando el sol desde el otro lado de las sierras se despedía con sus últimos fulgores, llegó hasta la humilde vivienda un extraño personaje, que por el color de su piel y por su rara indumentaria no parecía ser oriundo de esos lares.

Arrimó el viejito del rancho un acutí (roedor regional)al fuego, y ofreció su sabrosa carne al desconocido visitante. El más apreciado plato de los guaraníes, el tambú (gusano de carne blanca, criado por el guaraní en los troncos del pindó, que no solo proporcionaba su abundante carne, sino también un aceite muy codiciado con el que curaban algunos males, apuraban las digestiones, y se precavían de los innumerables insectos de la selva), brindó también el dueño de casa al huésped.

Al recibir tan cálidas demostraciones de hospitalidad, quiso el visitante, que no era otro que un enviado de Tupá, recompensar a los generosos moradores de la vivienda, proporcionándoles el medio para que pudieran siempre ofrecer generoso agasajo a sus huéspedes, y para aliviar también sus largas horas de soledad en el escondido refugio situado en la cabecera del hermoso arroyo.

E hizo brotar una nueva planta en la selva, nombrando a Yarí, diosa protectora, y a su padre, custodia de la misma, enseñándoles a “sapecar” sus ramas al fuego, y a preparar la amarga y exquisita infusión, que constituiría la delicia de todos los visitantes de los hogares misioneros.

Y bajo la tierna protección de la joven, que fue desde entonces la Caa-Yarí, y bajo la severa vigilancia del viejo indio que fue el Caa-Yará, crece lozana y hermosa la nueva planta, con cuyas hojas y tallos se prepara el mate, que es hoy la mas genuina expresión de hospitalidad criolla.

 

EL CASTIGO DEL CAA-YARA:

La Caa-Yarí, no solo es diosa protectora, sino también la dueña virtual de los yerbales. No solamente protege la planta, sino también a todos aquellos que luchan por alimentar y sostener su existencia.

Por eso, hace pacto con los peones que trabajan en los yerbales, mediante su esposamiento espiritual con los mismos, vínculo que sitúa a éstos dentro del calor y del bondadoso propiciamiento que necesitan en sus incompensados esfuerzos.

La ceremonia de la unión es curiosa: en horas de la noche llega el modesto trabajador del yerbal hasta frente a una “mata” del vegetal, y abrazándola le jura amor y fidelidad. Así permanece hasta que el suave rumor de las espesas copas de la yerba mate le hace llegar el asentimiento ansiado.

Luego se produce la más difícil prueba: caen sobre el cuerpo del contrayente insectos y alimañas, que miden su valor y su fé, y por fin, si es que este ha sabido sobreponerse al espanto, aparece la hermosa Caa-Yarí, ante quien debe ratificar sus anteriores juramentos.

Desde entonces, la Diosa del Yerbal protege, alienta y ayuda al modesto y sufrido peón encargado de las duras tareas del mismo, tratando de que su comportamiento sea siempre ejemplar.

Lo induce al bien, lo orienta convenientemente, y encauza sus acciones dentro de todo lo que puede implicar un mejoramiento de su pobre condición, alejándolo de los peligros que se les puedan presentar a la vera de su modesta trayectoria. Se dice, que cuando el obrero prepara su “raído” de yerba, la Caa-Yarí visible únicamente a su compañero espiritual, se sube a la carga para aumentar el peso, y por ende, la ganancia de éste.

Pero así como la diosa ayuda y protege al trabajador, no titubea en abandonarlo cuando su conducta no se ajusta al pacto concertado. Entonces lo deja a merced del Caa- Yará, que no transige con los malos, y a los que aplica con rigidez duras presiones.

Cuando en las noches misioneras, los que no han sabido guardar fidelidad a su diosa, integran las reuniones de la peonada formadas alrededor de los fogones para saborear el exquisito “amargo”, hace sentir el Caa-Yará su terrible venganza.

Un grito estridente que lleva el terror al alma de los habitantes de la región, y que quiebra súbitamente el silencio de las tinieblas, va a clavarse en el corazón del infiel…es el trágico anuncio de lo irreparable.

Enloquecido, corre por la selva el predestinado, sin que los auxilios humanos sean capaces de evitar su desgracia…

Después…sus despojos encontrados en las honduras de la fronda, carne muchas veces de las fieras, acusan el cumplimiento del inexorable fallo del severo señor del yerbal.

Muchas veces se ha sentido en las noches del nordeste, el infausto presagio del Caa Yará, sentenciando también a los hombres que, con sus cortes “despiadados”, exterminan los extensos manchones naturales de la noble planta, impulsados por despreciables miras individualistas, y aprovechando la circunstancia de obrar fuera del alcance de las autoridades encargadas de proteger tan ponderable riqueza.

EL ORO VERDE…

 

Misiones es el corazón de los grandes yerbales americanos. En su seno, y bajo la dulce protección de la Caa Yarí, y la severa custodia del Caa-Yará, brota con extraordinario vigor la apreciada planta que cubre dilatadas extensiones de su territorio.

A lo largo de la maravillosa ruta del Iguazú, que corta la ondulada región en centenares de kilómetros, enseñando los árboles gigantes, las lianas, enlazándolos caprichosamente, los altos helechos nucleados en sus bordes, las palmas esbeltamente erguidas, las preciadas orquídeas prendidas a los añosos troncos, y los imponentes pinares extendiendo imponentes sus ramas, como rogando un alto al viajero del camino, se aprecian árboles de yerba mate que tienen mas de treinta metros de altura, cuyos troncos blancos sostienen orgullosamente frondosas copas, que representan mas de un centenar de kilogramos del valioso producto.

Los pobladores de Misiones han abierto parte de su selva, y han levantado allí los cultivos de este precioso vegetal, el oro verde, en el que cifran sus mejores esperanzas de progreso.

Por eso, Caa Yarí protege la vida de esta planta buena, y también la de los hombres que trabajan en su cultivo, y por eso Caa Yará castiga a los que no observan en los yerbales una conducta generosa con la planta que Tupá hizo crecer, para felicidad del pueblo Misionero.

Los acontecimientos felices o desgraciados que se registran durante la cosecha de la yerba mate, los trabajadores atribuyen al “poder” de estos dos personajes de la mitología misionera.

  

 

 

 

 

 

EL MITO DEL “YASI YATERÉ


Es un pequeño rubio de largos cabellos, completamente desnudo, salvo su enorme sombrero de paja. Lleva entre sus manos un gran bastón de oro que le otorga poderes mágicos. Habita las siestas de misiones, y en las horas de máximo calor emprende sus correrías por la selva. 

¿Quién no conoce en Misiones a ese enano muy blanco, de rubia cabellera, que mas se parece a un niño que a un adulto, y que vaga desnudo, con una varita de oro en sus manos? ¿Quién no sabe en Misiones los males que puede acarrear el “Yasí Yateré” cuando quiere perder a un niño, volverlo loco o dejarlo inútil para toda su vida? ¿Quién no oyó su silbido acercándose al lugar donde reposan los niños, para llevarse a uno de éstos y dejarlo loco?... ¡Que de terrores oscuros! ¡Que de miedos ancestrales hay tras el canto del “Yasí Yateré”! ¡Cuanta magia hay en el canto del invisible pájaro –no es otro el que emite el silbido trágico- que llega hasta producir el más insano de los miedos!

“…Y estaba sentado junto al arroyo…era rubio, chiquito, hermoso…su pelo era como las barbas del choclo, así, tirando a lo dorado…estaba todo desnudito, y miraba a lo lejos mientras hacía jugar una varita que tenía en la mano y que brillaba al sol porque se veía que era de oro…mis perros también miraban… el “”canela” dio un aullido fuerte y el “negro” lo repitió…el “Yasí” nos miró…yo nosé lo que sentí, pero tenía los pelos de la cabeza que parecían duros como alambres y un temblor en todo el cuerpo…volvió a aullar el perro…cerré los ojos, y cuando los volví a abrir ¡Gracias a Dios! El Yasí ya no estaba más…”

Así contaba una anciana su encuentro con el Yasí Yateré, robador de criaturas y de mujeres también.

“el patrón venía de la ciudad y no sabía lo que era el monte. Se trajo a su mujer , una señora muy jovencita…ellos hicieron levantar un rancho a unos cien metros de un “ojo de agua” donde la señora iba todos los días a buscar el agua para la comida, así, un día que no estaba el patrón, ella salió del rancho para buscar agua…Y cuando volvió el hombre no la encontró mas…Nos llamó y buscamos…encontramos el balde y las pisadas de ella en el ojo de agua, un zapato…y también las pisadas chiquitas de una persona que parecían las de un chico…¡ El Yasí! Nos dijo enseguida el capataz…”

“Pero el hombre no creía, él venía de la ciudad y parece que allá no hay estas cosas. Y apeló al destacamento de policías que estaba a tres leguas de allí…varios días buscaron y buscamos…y nada…hasta que un gringo

Que fabricaba caña con un alambique y traía las damajuanas al obraje medio escondido, se encontró un día con que había un bulto arriba de un árbol, y casi lo baja de un tiro de escopeta, creyendo era un bicho…pero miró primero y vio que era una mujer casi desnuda que estaba subida al árbol…trató que se bajara pero no contestaba nada… entonces pidió auxilio al obraje y fuimos…era la mujer del patrón!!!...pero si ustedes la hubieran visto!!Estaba loca completamente, el Yasí la había enloquecido…lo único que sabía era hablar de un nene chiquito que se había perdido!!...”

 

EL POMBERO

 Allí va: moreno, velludo, de rostro barbudo, pies peludos, con su gran sombrero y completamente desnudo…Va buscando miel y tabaco…alguna moza perdida en la selva o tal vez algún caminante, al que engañará con su silbido o su piar de pollo…¡Es el Pombero! (En Corrientes lo suelen llamar “po-lana”-mano de lana-, en Entre Ríos “El pata`e bolsa” siempre refiriéndose a su silencioso andar y a la caricia suave de sus manos). El mítico pombero que merodea las noches de Misiones. Es su nombre el que obliga a que los niños dejen de hacer ruidos y cierren los ojos para no verlo, y tapen sus oídos para no sentir cuando roba de la cocina familiar el tarro de la miel o un trenzado de tabaco.

Sus hechos son terribles. Aunque a veces toma simpatía a un viajero y puede inclusive salvarlo de un peligro. Pero también sabe hacer que se pierdan o lleguen a morir de terror ante su presencia.

Cuando “cuida” a alguien lo sigue con su piar de pollo en medio de la noche y lo salva de cualquier peligro o acechanza. Si se despierta su maldad es capaz de robar una esposa o dañar a un animal doméstico…

En ocasiones dejó embarazadas a mozas solteras, naciendo de tal unión- por lo común- un niño deforme. Hechos de esta clase se cuentan en todos los poblados rurales.

Con su andar silencioso-tiene los pies cubiertos de pelos-recorre los caminos rojos de Misiones, buscando sus presas entre los colonos y los hacheros y muchas veces llega a ser tan grande su osadía que hasta llega a seducir a alguna niña de los barrios de extramuros de cualquier ciudad…Tal es el Pombero, uno de los mitos populares de Misiones.

Muchos lo han sentido, pocos, muy pocos, lo han visto. Pero lo cierto es que desde hace casi trescientos años habita Misiones. 

 


EL MITO DEL “KURUPI”

No hay sociedad en el mundo que se salve de tener algún mito fálico. ¿Podía ser menos, en ese sentido, la raza guaraní? Entre los Guaraníes, el mito fálico, el mito de la abundancia, de la multiplicación de la especie, esta representado por el “kurupí”, que antes fue “kurupiré”

¿Quién era “kurupiré”?. Según el padre Anchieta, miembro de la Compañía de Jesús, el “kurupiré” es un demonio menor de los guaraníes. Y lo describe como un hombre pequeño, de cuero escamoso, de orejas en punta que tiene la particularidad de tener los pies hacia atrás, es decir, avanza con los talones. Pero su principal rasgo es su miembro viril, que da varia vueltas a su cintura y con el cual, desde la distancia, puede embarazar a una mujer.

El “kurupiré” del padre Anchieta es nuestro actual kurupí o Curupí, que a veces roba criaturas, mejor si son del sexo femenino u otras llega a asesinar al cazador desprevenido que no le deja su caza, comiéndole el corazón.

Los ruidos de la selva le son atribuidos, y hay quienes afirman haber visto su rostro faunesco riéndose asomado por entre las hojas de los arbustos del monte, mientras tienta con señas obscenas a alguna “chinita” que transporta sus baldes desde el ojo de agua cercano al rancho…

EL LOBIZON

 Es una bestia mítica, un enorme perro de color negro o bayo, de ojos brillantes y fosforescentes, de dientes amenazantes, largos y que se entrechocan continuamente. El lobizón es el último hijo varón de un matrimonio que no tuvo mujeres intermedias. La maldición cae sobre el automáticamente y salvo la ayuda de su madrina, que debe castigarlo con una escoba cuando tiene la forma de animal o el padrinazgo de su hermano mayor, vivirá toda su existencia teniendo cada viernes que salir a cumplir su cometido, es decir, desnudarse, revolcarse en cosas inmundas, rondar los cementerios, comer cadáveres y cometer toda suerte de tropelías.

 

-¡Ese es el lobizón!- me señalo don Cordero, indicando a un hombre todavía joven, barbudo, medio jorobado que tranqueaba largo mirando el suelo, y que saludó sin levantar la vista.

-¿lobizón? ¿Queres decir que se convierte en perro?

-¡Si! Y no es para tomarlo a risa. Imagínate que doña Dorotea, que es su madrina, lo vio cuando se revolcaba entre la suciedad del corral…y también lo vio el Ponciano cuando una noche de luna, viernes tiene que haber sido, le estaba aullando como enloquecido a la luna…

A la madre todos la conocieron en el pueblo…fíjate que el jefe de correos fue el padrino de él representando al Presidente de la República… ¡vaya ahijado el del presidente! ¡Terminó convertido en perro, aullando a la luna y haciendo cosas peores aún!....y este es el séptimo hijo varón-siguió monologando Don Cordero- pero hay casos peores, por lo menos este no le hizo mal a nadie, claro, salvo pegarle un buen susto…

Otro caso que se cuenta muy a menudo es el de una muchacha que se casó con un desconocido que había llegado al pueblo, y notó que todas las noches, una vez que él la creía dormida, se iba del rancho despacito…muy despacito…

La mujer lo vigiló creyendo que “había otra”, y una noche de viernes, con mucha luna, él se levantó…y ella atrás. Y el tipo agarró para el corral, se revolcó en la suciedad de los animales y se levantó hecho un perro enorme, con los ojos que le refulgían, el pelo negro parado, largando baba por la boca y con unos colmillos como cuchillos…de ahí nomás tomó camino para el campo santo…y ella, pobrecita, muerta de miedo, detrás de él…y el lobizón empezó a rascar la tumba de un finado…y hasta dice que sacó y comió de aquella carroña…cuando vio eso ella se descompuso y empezó a disparar, y allí fue que la vio el lobizón y la corrió. Ella logró subir a un árbol, y el tipo logró arrancarle un pedazo de camisón colorado. Cuando llegó su hora el lobizón se fue…y la moza se bajó del árbol y se fue a su rancho muerta de miedo. Al otro día él estaba durmiendo al lado de ella, y se levantó y le trajo un mate, como de costumbre, pero ella le vio unas hilachas coloradas que se estaba sacando entre los dientes y le sentía un terrible aliento a muerto… el desapareció ese mismo día, porque a la mujer le dio como un raro ataque y estuvo un poco loca por mucho tiempo…



BIBLIOGRAFÍA DE LOS MITOS Y LEYENDAS:

  • cuentos y leyendas de la selva misionera” de  JOSE ANTONIO C. RAMALLO
  • “Misiones y sus leyendas” de ELSA LEONOR PASTEKNIK
  • Trabajo  realizado y enviado por: ROXANA DANNENBERG, C.de la Sierra.
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